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La Izquierda Cristiana de Chile nació
en octubre de 1971 para “contribuir a la construcción
del socialismo en Chile mediante el aporte de fuerzas de inspiración
cristiana o humanista que amplíen la base de apoyo
de este proceso”, como señalaban los Fundamentos
Ideológicos que fueron aprobados en su Asamblea Constituyente.
Eran los tiempos del Gobierno de
la Unidad Popular y del Presidente Salvador Allende. Tiempos
determinados por las esperanzas de construir la patria socialista,
como “oportunidad histórica y material”
para concretar la “profecía de igualdad y fraternidad
entre los seres humanos” del mensaje cristiano.
El golpe de Estado ejecutado por
las Fuerzas Armadas, expresión de los intereses de
la burguesía y el imperialismo, abortó por la
violencia ese proceso creativo y heroico. Vinieron los tiempos
de la persecución y el terrorismo de Estado. Para la
izquierda chilena, comenzaron los tiempos de la clandestinidad
y la resistencia.
En estas condiciones, la Izquierda
Cristiana desarrolló su Primer Congreso Nacional, convocado
en 1977 y terminado al año siguiente, el que cual bautizado
con el nombre de Arturo Riveros en homenaje a nuestro hermano
y compañero que fue Gobernador de Constitución
por resolución de la Asamblea Popular, detenido el
14 de septiembre de 1973 tras intentar organizar la resistencia
al golpe y que hasta hoy permanece desaparecido. Este evento
reafirmó el compromiso socialista de la Izquierda Cristiana.
Más tarde, vinieron los tiempos
de la rearticulación del tejido social y político,
de la irrupción de la protesta y la rebeldía
creciente y generalizada desde mayo de 1983, cuando el pueblo
logró posicionar en el espacio de la nación
el horizonte de la democratización profunda de la sociedad
chilena. Fueron los tiempos, también, de la reconstrucción
de la IC y de su protagonismo en el desafío a la dictadura.
Luego, se impuso una salida pactada
e intrasistema a la dictadura. Pinochet debió abandonar
La Moneda sobre la base de la continuidad del modelo político–institucional
y económico–social que fue impuesto por el proyecto
refundacional de la tiranía. Vinieron entonces los
tiempos de la democracia restringida y sustentada en dispositivos
de exclusión, para garantizar la reproducción
del sistema. La Izquierda Cristiana, en este escenario, no
fue ajena a la crisis que experimentaron la totalidad de las
fuerzas que persistían en la crítica al proyecto
neoliberal.
La Izquierda Cristiana derrotó
los intentos de imponer su extinción y se mantuvo en
la búsqueda de caminos para reinstalar la esperanza
socialista como alternativa nacional de poder. Este fue el
sentido de su participación en diversas iniciativas
políticas y sociales en los 90 hasta culminar en la
fundación del Poder Democrático y Social (Podemos)
en el 2003, como nuevo espacio para la convergencia de los
demócratas y los revolucionarios, un salto adelante
en el reagrupamiento de los que luchan.
En este contexto, la Izquierda
Cristiana dio el paso histórico de convocar al Segundo
Congreso Nacional el 23 de junio de 2006, para abrir un profundo
debate de carácter ideológico, político
y programático. Habían transcurrido 28 años
desde el primer evento de esta naturaleza, por lo que este
proceso representaba un desafío necesario, en virtud
de asumir desde una perspectiva crítica los acontecimientos
de los últimos años, tanto a nivel mundial,
latinoamericano y nacional, como a nivel partidario.
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