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LOS FRAGMENTOS DE UNA LARGA JORNADA AUN EN DESARROLLO
 

 LOS “FRAGMENTOS DE UNA LARGA JORNADA” DE VÍCTOR OSORIO

En la Fiesta de los Abrazos se lanzó el libro “Fragmentos de una Larga Jornada. Notas para una Historia de la Izquierda Cristiana (1971–1988)” (Ediciones Escaparate), del presidente del Partido Izquierda Cristiana y periodista Víctor Osorio.

La actividad tuvo lugar en la carpa del ICAL el domingo 8, con asistencia de más de 200 personas, con una significativa presencia de jóvenes, y teniendo como telón de fondo la reciente conmemoración de los 40 años de esta comunidad política.

La presentación se efectuó con un panel integrado por el ex candidato presidencial de la Izquierda, Jorge Arrate; el dirigente del Partido Comunista y ex diputado Jorge Insunza, actuando como moderador Pedro Felipe Ramírez, que fue ministro de Minería de Salvador Allende.

Fue recibido con risas un comentario de Jorge Arrate, quien recordó que la ruptura de la IC en 1990, cuando un sector ingresó al Partido Socialista, colectividad de la que entonces era presidente, y “fueron muy bien recibidos”. Y agregó: “Ahora, que me he separado de esa colectividad, me siento muy bien recibido por la Izquierda Cristiana”…

Osorio rindió homenaje a los compañeros que estuvieron presentes en la hora fundacional de la Izquierda Cristiana, en la persona del ex prisionero político Raúl Reyes Suzarte, fallecido en 2008.

Entre las personalidades presentes estaba Jorge Luis Bernaza, en representación de la Embajada de la República de Cuba en Chile; la consejera regional metropolitana, Gloria Requena; el miembro del Comité Central del Partido Comunista, Ricardo Solé; y el ex presidente de la IC, abogado Manuel Jacques. Fue muy aplaudida la presencia del militante de la Izquierda Cristiana Manuel Carrillo, ex preso político y hoy más conocido como el “Viejo Pascuero” de las marchas. 

A continuación ofrecemos el texto de presentación de Jorge Insunza.

 


Concurro con agrado al lanzamiento de “Fragmentos de una Larga Jornada”, libro escrito por Víctor Osorio, presidente de la Izquierda Cristiana, que sintetiza la historia de su partido en viva asociación con el curso histórico del país.

Como es natural, mis percepciones y apreciaciones no son siempre coincidentes con las evaluaciones de Víctor. Eso no obsta para recomendar su lectura sin ambages. En especial para los jóvenes y por cierto para los que no lo somos tanto. Unos y otros aprenderemos o reflexionaremos más en profundidad para contribuir a avanzar en la construcción de una sociedad de nuevo tipo.

El texto se inicia con el proceso de debates que al interior de la Democracia Cristiana llevaban personalidades relevantes con Rafael Agustín Gumucio, Julio Silva Solar, Jacques Chonchol, Bosco Parra, Alberto Jerez, Pedro Felipe Ramírez y tantos otros dirigentes que impulsaban en el interior de ese partido lo que denominaron la “vía no capitalista de desarrollo” como un camino revolucionario hacia una sociedad comunitaria. La fuerza de su propuesta encontró eco en el PDC en un período de auge del movimiento popular, de modo que Rafael Agustín Gumucio y Julio Silva Solar fueron elegidos presidente y secretario general del PDC.

“El Mercurio” editorializó: “La vía no capitalista de desarrollo es la expresión de la táctica multilateral de penetración del comunismo en la Democracia Cristiana”. Julio Silva Solar retrucó: “La nueva conducción representa la voluntad mayoritaria del partido de avanzar por una vía no capitalista”.

Las tensiones internas en la DC habían llevado ya en 1969 a una primera escisión: la fundación del MAPU.

Un nuevo cuadro emergió con la victoria de Salvador Allende y la Unidad Popular. El socialcristianismo de izquierda que permanecía en el PDC planteó un camino que implicaba un distanciamiento tajante de la derecha a través de un voto presentado por Bosco Parra en el Consejo Nacional de las Vertientes. Por su parte, Renán Fuentealba presentó otro que iba en sentido contrario. El asunto de fondo era la actitud del PDC ante el Gobierno Popular. Juan Hamilton, de la derecha DC, espetó a los jóvenes presentes en el debate que apoyaban a Bosco Parra: “Aquello que los jóvenes no comprenden es que los cristianos debemos ser alternativa a los marxistas. ¡Si no hay diferencias, es preciso inventarlas!”. Debatidos en tensiones internas iniciadas el 24 de julio culminaron el 27 de julio con la derrota del socialcristianismo de izquierda. Esa noche nació la Izquierda Cristiana. Vinieron a ella la inmensa mayoría de los jóvenes DC y ocho diputados a los que se sumaron 10 días después destacados cuadros históricos del MAPU, entre ellos Jacques Chonchol, promotor de la Reforma Agraria, y los parlamentarios del MAPU: Rafael Agustín Gumucio, senador; Julio Silva Solar y Alberto Jerez, diputados.

Este alumbramiento descrito por Víctor es seguido de las vivencias y avatares de su contribución al Gobierno de la Unidad Popular y más tarde a la dura lucha contra la dictadura de Pinochet.

En este período hubo en el campo de la izquierda coincidencias esenciales y también diferencias. El nudo de estas últimas estuvo en la orientación, de una parte, de abatir a la dictadura para que no quedara piedra sobre piedra del sistema impuesto por Pinochet, y de la otra en asumir una transición gradual como la única posibilidad. Tales diferencias no significaron rupturas irreparables en el caso de la IC y el PC. No fue el caso de otros que en ese mismo tiempo planteaban “el fracaso de la movilización popular… y la consiguiente necesidad de abandonarla, de tomar distancia del MDP y de proponer a las Fuerzas Armadas una salida negociada que no puede encontrarse al margen de las condiciones creadas por la Constitución de 1980” (José Joaquín Brunner). En igual sentido, Edgardo Boeninger establecía que se debía aceptar como un hecho la Constitución pinochetista.

Otra de las cuestiones centrales de las diferencias era la actividad militar desarrollada por fuerzas de izquierda, entre ellos nosotros, que algunos rechazaban tajantemente. La historia que emerge al cabo del tiempo confirma hoy desde fuentes de los adversarios que la actitud del imperio de actuar para la salida de Pinochet estuvo en fuerte medida determinada por el temor a una salida a la plebeya. Con el rigor que está presente en el libro, Víctor constata que acciones militares de 1986 llevaron a Estados Unidos “a apostar a fondo por imponer una salida pactada que impidiera una eventual insurrección, que transformara Chile en una nueva Nicaragua”.

Es apropiado poner de relieve que cuando la IC resuelve su posición frente a la Alianza Democrática, antecedente directo de la Concertación, lo hace expresando públicamente que esa propuesta “no agota en sí misma los elementos principales de un proyecto de transformaciones profundas, de carácter democrático, nacional y popular que el país necesita”. Subraya un poco después: “La AD es un paso parcial en la medida que plantea la llamada política de exclusiones y deja fuera al Partido Comunista” (año 1983).

Producida la derrota de Pinochet en el Plebiscito, la IC expuso nítidamente: “La tarea no ha terminado. El Comando Nacional del NO y la voluntad de concertación política de la Izquierda Unida (integrada por el PC), junto a la movilización activa de nuestro pueblo, serán los factores decisivos para alcanzar los objetivos pendientes: el término del régimen y su itinerario”.

Estas premisas que la Izquierda Cristiana y la Izquierda Unida plantearon sobre la “ruptura democrática” que debía generar el triunfo del NO, no se materializaron. Por el contrario, de inmediato la Concertación asumió como prioridad de su agenda la participación en las elecciones presidenciales y parlamentarias que se realizarían al año siguiente, conforme al itinerario institucional prefigurado por la dictadura. En forma adicional, se emprendieron negociaciones con el régimen para introducir reformas a la Constitución, las cuales no afectarían casi ninguno de los aspectos claves que determinaban su naturaleza antidemocrática y autoritaria.

Eso, el pueblo de Chile lo está pagando todavía.

En la Izquierda Unida también se abrió el intercambio sobre el modo de asumir la inminente coyuntura electoral. Unas pocas semanas después del plebiscito, en una reunión de Comité Central de la IC se propuso la creación de una colectividad instrumental que incluiría al PC. Esta, en efecto, se materializó con la denominación “Partido Amplio de Izquierda Socialista” (PAIS).

Los hechos dan, por tanto, cuenta del comportamiento unitario de la IC.

Creo importante, por su definitiva actualidad, incorporar a este comentario los fragmentos de la larga jornada referidos al momento presente.

En el libro se lee:

“La derrota política de la derecha constituye una condición necesaria para la construcción de una alternativa al neoliberalismo. No es viable perspectiva revolucionaria alguna en el caso de que la derecha política y económica logre su propósito de abrir paso a un ciclo de larga duración de sucesivos gobiernos bajo su control. Por otro lado, no existe derrota política de la derecha, efectiva en el largo plazo y consistente en su contenido, si esa derrota no representa además una derrota estratégica del neoliberalismo como proyecto integral de producir la vida social, en sus dimensiones institucionales, económicas y culturales”.

Ese es efectivamente el desafío principal del momento. De nuestra parte, el diseño de una política de unidad de las fuerzas alternativas y de convergencias con las fuerzas que se diferencian de la derecha y confrontan en uno u otro grado las opciones neoliberales va en esa dirección.

El agotamiento del sistema neoliberal, violentamente sacudido por la crisis mundial cuyo término no se avizora, aún produce potentes movilizaciones de resistencia y de exigencias. En nuestra patria eso se ha expresado en una elevación significativa de la movilización social en diversos sectores. Persiste el impacto, literalmente mundial, del potente movimiento en el campo de la educación desplegado por los estudiantes, con el apoyo consistente de sus maestros y con la aprobación de la abrumadora mayoría de la población. Pero siguen pendientes las soluciones. Hace unas semanas la UNESCO ha hecho un análisis serio y fundado para dejar en claro que el neoliberalismo ha generado en Chile un sistema educacional discriminatorio. Una sola frase da razón a estudiantes y profesores y a la mayoría del país que solidariza con ellos. Dice: “Los esfuerzos por conducir la educación hacia sus propósitos centrales nos han llevado a denunciar las tendencias mercantilistas que definen a la educación como un servicio negociable y no como un derecho humano”.

Y agrega que la frondosa legislación chilena se preocupa más de las garantías económicas a los sostenedores que de hacer realidad la educación como un derecho y de cumplir con los compromisos internacionales que obligan al Gobierno en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales suscrito por nuestro país.

La izquierda, con las organizaciones sociales, podrían promover una acusación constitucional fundada en el incumplimiento de obligaciones legales como las el Pacto impone, así como una denuncia en el plano internacional.

Razones para impulsar luchas no faltan. Para abrirles camino, el fortalecimiento de las fuerzas de izquierda es un deber impostergable.

Dice Víctor en su trabajo: “La identidad podemista es un capital político de significación para la izquierda, el cual la Izquierda Cristiana contribuyó a desarrollar. No puede ser cancelado por decreto y tampoco puede ser desechado como aporte al proceso general de constitución de la izquierda como alternativa de poder. Por ello, la Izquierda Cristiana continuará integrando el Juntos Podemos y, en el marco del diálogo e iniciativa política en su interior, promoverá dar el salto a un nuevo nivel de encuentro y convergencia de los revolucionarios, así como de los críticos y disidentes del neoliberalismo”.

Compartimos esta apreciación. Y debemos poner manos a la obra. Eventualmente, este lanzamiento puede ser el primer paso. Compartimos la idea de la necesidad del ensanchamiento de la unidad de la izquierda, el enriquecimiento del Juntos Podemos y la búsqueda de niveles superiores de entendimiento y propuestas comunes con los movimientos sociales que emergen con fuerza, que generen sin más tardanza una dinámica de superación del rol de la izquierda alternativa.

Todo ello será la prolongación de una gran jornada.

 
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