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i) La Izquierda Cristiana
propone la construcción de una democracia participativa,
la cual considera el sufragio universal, el pluralismo ideológico
y alternancia en el gobierno, pero que, al mismo tiempo, implica
la implantación de un Estado descentralizado así
como de formas de democracia directa y semidirecta para la
definición de las cuestiones principales del desarrollo
nacional.
A ese respecto, las
formas de control político heredadas de la dictadura
militar y que no han sido superadas constituyen el principal
obstáculo para transitar en esa perspectiva. El desafío
histórico de romper la exclusión debe ser una
prioridad para los demócratas y los revolucionarios,
pues constituye una condición para la democratización
de Chile.
La exclusión
de la izquierda del sistema político, cristalizada
por ejemplo en el sistema electoral binominal, es esencialmente
contradictoria con una institucionalidad plenamente democrática
y la única justificación de su existencia es
garantizar la reproducción del sistema en su conjunto,
restringiendo la capacidad soberana del pueblo para resolver
el gobierno de su propio destino.
ii) La lucha contra
la exclusión se vincula, estrechamente, con nuestra
vocación histórica de ser un partido que trabaje
por la unidad del pueblo y sus expresiones políticas
y sociales, sobre la base del respeto a la diferencia y la
diversidad. La Izquierda Cristiana ratifica esta forma de
ser, estar y actuar en la política, su domicilio en
la izquierda y su búsqueda de las formas más
amplias de unidad que contribuyan a abrir paso a los intereses
del pueblo.
Por ello, la IC ratifica
igualmente su participación en el Juntos Podemos Más
y en el Parlamento Social y Político, así como
en la totalidad de los espacios convergentes que permitan
la suma de actores de las más amplias diversidades
a la lucha por derrotar la exclusión, para transitar
hacia una sociedad plenamente democrática, posicionar
una alternativa al sistema neoliberal y formular una opción
socialista de desarrollo.
Como contribución
a esos esfuerzos, el Segundo Congreso Nacional ha resuelto
avanzar hacia a la inscripción de la Izquierda Cristiana
como partido legal, asumiendo el desafío de construir
una expresión electoral necesaria para la izquierda
y el pueblo de Chile.
iii) El Segundo Congreso
Nacional de la Izquierda Cristiana considera necesario articular
el movimiento social en torno a la superación de las
actuales condiciones económicas, políticas y
sociales que ensanchan cada vez más la distribución
desigual del poder y la riqueza, y excluyen a la mayoría
de chilenas y chilenos de todo espacio de participación
y decisión.
Al respecto, la Izquierda
Cristiana expresa su compromiso con el fortalecimiento de
la capacidad de organización y autonomía de
los movimientos sociales, y asume el camino de la movilización
como la herramienta más fecunda para enfrentar el sistema
neoliberal a lo largo y ancho de toda la sociedad, en todos
los territorios y escenarios sociales y geográficos.
Ello resulta particularmente
efectivo en ámbitos como los planteados desde el interior
del Juntos Podemos Más en las pasadas elecciones presidenciales:
el fin del sistema binominal; una reforma laboral para garantizar
el ejercicio de los derechos de los trabajadores; cambios
drásticos en el sistema de salud y previsional, y en
las normas de regulación ambiental, que coloquen el
interés público en el centro de sus prioridades
y no el interés del capital privado; y verdad y justicia
en los casos de violación a los derechos humanos durante
la dictadura.
La organización
y movilización de la gente también es imprescindible
en la tarea de conquistar los derechos ancestrales de los
pueblos originarios, lograr un ingreso mínimo digno
para todos y liquidar la Ley Orgánica Constitucional
de Enseñanza (LOCE), restableciendo a la educación
su carácter de derecho social.
iv) Chile se aproxima
a cumplir 200 años como Estado nacional. Vemos con
preocupación que la independencia aun está pendiente
para la mayoría de los hombres y las mujeres del pueblo
de Chile. El Bicentenario debiera ser el momento para convocar
a todos y todas a Refundar la República, a construir
el nuevo Chile, con una nueva Constitución emanada
de una Asamblea Constituyente, un modelo económico
que beneficie y proteja a los mayoritarios, un sistema de
nuevo tipo de participación social y política,
en donde el protagonismo popular determine los rumbos que
debe adoptar el país.
Llamamos a todas las
chilenas y los chilenos a constituir un amplio Movimiento
por una Nueva República para el Bicentenario, que incluya
a todos los movimientos y luchadores sociales, a los intelectuales
y científicos, los artistas y creadores, a la totalidad
de los que estén dispuestos a soñar un nuevo
Chile, una nueva República y un nuevo tiempo para nuestra
patria.
En este sentido, asumimos
como propio el desafío histórico de transitar
hacia la conquista de un Gobierno Nacional y Popular, que
emprenda la tarea de la realización de los desafíos
pendientes de la democratización. Reafirmamos nuestra
convicción en que otro Chile es posible, y que la lucha
por su conquista es justa y necesaria.
v) Frente al imperio
hegemónico de la globalización neoliberal, la
IC sostiene el imperativo de oponer otra forma de globalización,
una contrahegemonía impulsada por los pueblos y sus
esperanzas de otra forma de convivencia, intercambio e integración.
Por lo tanto, asume como propias todas las luchas de todos
los pueblos y comunidades del mundo.
La Izquierda Cristiana
manifiesta su profunda vocación de fuerza bolivariana
y expresa que los procesos de emancipación que se desarrollan
en nuestra América, son una parte constitutiva del
propio camino de liberación del pueblo chileno.
Expresamos, desde ese
ángulo, nuestra irreductible solidaridad con Cuba socialista
y la defensa de su soberanía frente al imperialismo,
su identificación con el camino de emancipación
que ha iniciado el pueblo boliviano bajo la conducción
del Presidente Evo Morales, y su respaldo a los nuevos procesos
de integración de la comunidad latinoamericana.
Asimismo, manifiesta
su satisfacción por los recientes triunfos de la Revolución
Bolivariana en Venezuela y del Frente Sandinista de Liberación
Nacional en Nicaragua. En particular, señala su enorme
alegría por la victoria del compañero Rafael
Correa, el cual logró poner en movimiento la esperanza
del hermano pueblo de Ecuador con su identidad de cristiano
de izquierda y su proyecto de una revolución ciudadana.
Nuestra decisión
es contribuir a la unidad de todos los pueblos de América
Latina y El Caribe, fortaleciendo nuestras relaciones con
los Gobiernos, fuerzas políticas y movimientos sociales
de la región que coincidan en la crítica al
neoliberalismo y enarbolen la bandera de la independencia
y la soberanía frente al imperio y sus aliados.
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